Declaratoria de Guerra

Un día como hoy, 5 de abril de 1879 Chile le declaró la guerra al Perú. La noticia no alarmó a nadie porque, desde meses atrás, los diarios de Lima habían logrado hacer creer a la opinión pública que estábamos en capacidad de sostener una lucha de esa naturaleza. Incluso, tres días antes, en un extenso editorial, El Comercio -ciego ante la realidad- sostenía lo siguiente: «Chile se jacta de poseer blindados poderosos y de tenerlos tripulados por hombres de un arrojo irresistible; nosotros hacemos constar simplemente que tenemos marinos dispuestos a hundirse con sus barcos, si no pueden cumplir la orden de echar a pique a los contrarios. Se habla con mucha generalidad de la adquisición de un nuevo y poderoso buque que vendrá a reforzar nuestra armada. Si es así, nuestra preponderancia marítima sobre Chile estaría fuera de duda; pero aquel refuerzo no es indispensable: nuestros elementos actuales bastan para hacer frente a las naves que pretenden traernos la guerra». Y agregaba: Por fortuna no necesitamos fincar nuestras patrióticas esperanzas en nuevos elementos de guerra: los que hoy posee el país, en manos de los vencedores de Abtao y el Callao, son suficientes para garantizar la honra del Perú».
La realidad era distinta. Ni el ejército ni la marina estaban en condiciones de combatir. En cuanto a la flota naval, ésta se hallaba en precaria situación. Sus dos naves blindadas, el monitor «Huáscar» (200 pies de largo y 1 130 toneladas) y la fragata «Independencia» (215 pies de largo y 2 004 toneladas), se encontraban casi en abandono: uno había convertido sus torres en «palomar» a causa de las deyecciones de las gaviotas, y la otra era poco menos que un pontón por haberse desmontado las piezas principales de su máquina y tener sus calderas en mal estado.
Formaban parte de la escuadra los monitores «Atahualpa» y “Manco Cápac», comprados en Estados Unidos en 1867, eran barcos de río con un andar de cuatro millas, sin capacidad marinera; tanto, que hubo que traerlos a remolque en un peligroso viaje lleno de incidencias que se prolongó durante quince meses. El historiador chileno Gonzalo Bulnes decía que eran «dos cetáceos pesados y casi inmóviles». Durante la campaña naval tuvieron que ser usados como baterías flotantes, uno en Arica y el otro en el Callao.
La corbeta «Unión» (doce cañones de 70 libras) y la cañonera «Pilcomayo» (dos cañones de 70, cuatro de 40 y uno de 12), de madera y con un casi simbólico poder de fuego.
La escuadra contaba también con los transportes «Oroya», «Limeña», «Chalaco», «Talismán» y “Meteoro», así como con los pontones «Apurímac» y «Pachitea». Ninguna de éstas naves podía enfrentarse al «Cochrane» o al «Blanco Encalada», cada uno de 2032 toneladas, con blindaje de nueve pulgadas y poderosos cañones de 300 libras.
Lo que hizo el «Huáscar» en su corta campaña está sintetizado en las palabras del historiador venezolano Jacinto López en su obra Historia de la guerra del guano y el salitre: «Prestó al Perú servicios incomparables. Él solo hizo la guerra naval. Él solo protegió al Perú contra la invasión. Él solo hizo la obra de una escuadra [ … ] Este es el pedestal y la gloria del Perú. Este es el milagro de la guerra del Pacífico.
Fuente: El almirante Grau y la plana menor del “Huáscar”. Manuel Zanutelli Rosas. Lima: Fondo Editorial del Congreso del Perú, 2002.
Foto. El monitor Huáscar, tomada entre 1876-1879.
BIBLIOTECA Y ARCHIVO FOTOGRÁFICO DEL IEHMP

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