SUMERGIBLE BLUME

14 Oct 1879

SUMERGIBLE BLUME
SUMERGIBLE BLUME
Un día como hoy, 14 de octubre 1879: Federico Blume Othon lanza al agua en Paita el primer sumergible peruano. Realiza estas primeras pruebas junto a su hijo y ocho trabajadores del ferrocarril. Los resultados son increíbles: logra alcanzar una profundidad de 72 m y una velocidad máxima de 3 nudos, saliendo a superficie después de 30 minutos de prueba. Más tarde, durante 18 oportunidades, repitió la hazaña con igual éxito.
Con la aureola de una hazaña lograda, Blume entregó su invento al Presidente Mariano Ignacio Prado a fin de cooperar en la defensa del país. El mandatario comisionó al Capitán de Navío don Ezequiel Otoya para recepcionar la nave, la que fue fondeada en la rada interior frente a la chaza de floteros. Lamentablemente la incertidumbre política del momento frustró el anhelo del noble pionero. Apoyado e incentivado por algunos amigos, logró que el General don Manuel de Mendiburu, amigo y colaborador del Presidente Piérola, observase en el Callao una inmersión.
Enterado el Jefe de la Nación del ofrecimiento de Blume, dispuso que una Junta de Marinos e Ingenieros estudiaran el invento, la que informó favorablemente sugiriendo algunas modificaciones. De inmediato se votó una partida de diez mil soles para la construcción del submarino. Se encargó una Comisión encargada de administrar los fondos, integrada por José Valle Riestra, Gil Cárdenas, Manuel J. Cuadros y el Alférez de Fragata Carlos Bondy. La construcción empezó en la factoría de Juan V. Juliá.
Antes de concluir la construcción del nuevo submarino y debido al inminente bloqueo de las naves chilenas, el Gobierno dispuso la utilización del submarino construido en Paita. Se le hicieron algunas modificaciones y en la prueba de inmersión se sumergió el guardiamarina Manuel Elías Bonnemaison, iniciando así una estupenda tradición. Al submarino se le adaptó torpedos Lay, dispuestos por parejas con 10 libras de dinamita cada una, dotados de un mecánico estanco de percusión.
Los acorazados chilenos Blanco Encalada y Cochrane entraron a la bahía y habían sido designados como blancos. Para esto los preparativos del submarino se habían terminado y el ataque debía producirse en la noche. Don José M. Valle Riestra, voluntariamente, se enroló en la tripulación. Grande fue la frustración de Blume al ver que los buques enemigos se habían hecho a la mar, pues habían sido alertados del peligro por algún espía.
Fracasado este intento y producido el descalabro total con el ingreso a la capital del ejército chileno, las autoridades peruanas ordenaron hundir el submarino para evitar que cayera en poder del invasor.
Fuente: El mar de Grau y la Marina de Guerra del Perú. Lima: Ministerio de Marina, 1984
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